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martes, 15 de noviembre de 2016

EL SAN NUESTRO DE CADA DÍA



 


Ernest Simoni, sacerdote albanés nombrado cardenal por el Papa
Neocardenal albanés Ernest Simoni: ¡La gente tiene tanta necesidad de Jesús…!
Ernest Simoni participó el sábado en la primera beatificación de mártires albaneses del siglo XX, miembros de una generación de católicos brutalmente perseguidos de la que este sacerdote de 88 años es el último superviviente. Pasó en prisión cerca de dos décadas. Su testimonio conmovió al Papa durante su viaje a Albania de 2014. El 19 de noviembre será creado cardenal
Don Ernest, ¿cómo fue su vida durante la persecución comunista a los cristianos albaneses?
Yo pasé 18 años en prisión siempre rezando con el santo rosario. Y Dios me ha salvado siempre de todos los peligros y sufrimientos.
¿Podía celebrar la Eucaristía en prisión?
Sí. Celebraba la Santa Misa en latín, de memoria, con pan y vino que me hacían llegar clandestinamente. Confesaba en albanés y daba la Comunión y reconfortaba a los presos que pasaban por tantas dificultades.
¿Cómo pudo mantener su fe en medio de tanto horror?
Con el santo rosario, con la Virgen. Para mí ha sido muy importante la Virgen, la Madre de Jesús. Hay tantas cosas que podría decir de ella, la alegría que me ha hecho vivir… En la cárcel he trabajado para mayor gloria de Dios, para convertir a la gente y hacerlos amigos de Jesús. Y la Virgen ha estado siempre con nosotros.
¿Bautizó a muchas personas en prisión?
Sí, celebré muchos Bautismos en un canal, por la noche, clandestinamente. Y también muchos Matrimonios, así como la Santa Misa. Siempre reconfortando en el nombre de Jesús.
Tras el comunismo tuvo también otra gran labor: la reconciliación…
Gracias al Señor he estado trabajando en 120 pueblos, llevando a la gente la Palabra de Dios, celebrando cinco Misas al día. Dios me ha ayudado, reconciliando a la gente y ahuyentando las venganzas, siempre con Jesús, siempre rezando.
¿Cómo es hoy su día a día? ¿Cómo reza usted?

Paso todo el día rezando, el rosario, la Santa Misa, el breviario, rezando al Sagrado Corazón de Jesús, amando a Jesús con mis obligaciones y mis penitencias, con mortificación, amando a Jesús, amando a los pobres. ¡Los hombres tienen tanta necesidad de Jesús!

jueves, 20 de octubre de 2016

EL SAN NUESTRO DE CADA DÍA.


 





EL ÁNGEL DE DACHAU

Sube a los altares el ángel de Dachau
Los aliados estaban a punto de llegar al campo de concentración, pero el padre Engelmar Unzeitig prefirió morir atendiendo a los enfermos de tifus que esperar a ser liberado
Engelmar Unzeitig quería ser misionero en África. A los 17 años este joven nacido en 1911 en Greifendorf (Alemania) había entrado en los Misioneros de Marianhill. La II Guerra Mundial, que estalló unas semanas después de su ordenación sacerdotal, le cambió los planes. Año y medio después fue detenido y enviado al campo de concentración de Dachau. Los espías nazis lo denunciaron por «defender a los judíos perseguidos; considerar a Cristo, y no al Führer, como su Señor supremo; y enseñar a los jóvenes que la obediencia a Dios es más importante que el poder mundano», escribe el también misionero de Mariannhill Adalbert Balling en su biografía.
Después de sobrevivir cuatro años, cuando la victoria de los aliados se sabía próxima, se desató en Dachau una epidemia de tifus. La situación en los barracones de los enfermos «era terrible –recuerda en sus memorias (Por el borde del precipicio, Voz de los Sin Voz) el padre Hermann Scheipers–. Los piojos y chinches pululaban y los enfermos yacían en literas de tres camas. Una sola picadura era una sentencia de muerte segura».
Los jefes del campo exigieron al sacerdote que actuaba como decano entre los demás clérigos que seleccionara a 20 para atender a los enfermos. Él pidió voluntarios. «Uno no se puede hacer a la idea –continúa Scheipers– de lo que suponía eso en aquel instante. Ya oíamos la artillería americana. Solo ansiábamos la liberación». Unzeitig dio la espalda a esa promesa de libertad para entrar al barracón del tifus. Murió el 2 de marzo de 1945, menos de dos meses antes de la llegada de los aliados. Por eso se le conoce como el ángel de Dachau. El Papa Francisco lo reconoció como mártir en enero, y este sábado será beatificado en Wurzburgo (Alemania).
El campo de los sacerdotes
Abierto en 1933, Dachau fue el primer campo de concentración nazi, destinado en origen solo a prisioneros políticos. Las terribles condiciones de vida acabaron con la vida de al menos 30.000 de los 200.000 presos que albergó en doce años, pero no fue un campo de exterminio como Auschwitz, donde tres de cada cuatro recién llegados iban directos a la cámara de gas. La Iglesia logró de los nazis el compromiso –cumplido solo en parte– de concentrar allí a los clérigos presos para que se sostuvieran mutuamente. Los tres barracones reservados para ellos acogieron a 2.600 sacerdotes católicos y a otros cien clérigos cristianos. Tenían capilla y permiso para celebrar Misa. Algunos presos laicos, pese a tener la entrada prohibida, participaban clandestinamente.
Los cuatro años que el padre Unzeitig pasó en Dachau hicieron «madurar en él –explica a Alfa y Omega su biógrafo– una personalidad sólida» y una firme confianza en Dios. Otro sacerdote que compartió barracón y trabajo con él, Hans Brantzen, recuerda que «cuando los demás se quejaban y sentían nostalgia, cuando todo se les hacía demasiado y no podían más, él miraba hacia arriba», a Dios. «Ambos pertenecíamos a un pequeño círculo que debatía sobre liturgia, homilética y cuestiones pastorales. Cuando volvíamos agotados del trabajo, él iba la capilla antes que a la habitación».
Mendigaba… para los demás
El prisionero número 26.147 pronto hizo del campo su nueva misión. En una carta, escribió: «Espero poder hacer también aquí una pequeña contribución para devolver al mundo a la casa del Padre». Son numerosos los testimonios de cómo –escribe el padre Balling en su biografía– «repetidamente apartaba algo de sus ya escasas raciones de comida» para otros prisioneros más necesitados. Incluso «mendigaba entre sus hermanos sacerdotes», contaba el padre Brantzen.
Además del hambre corporal, trataba de saciar la sed de Dios. «Su actitud profundamente sacerdotal –continuaba su compañero– surtió efecto» de forma «misteriosa» en un oficial de las SS para el que hizo labores de oficina durante un tiempo, y con el que llegó a tener intensas conversaciones.
Misionero de los rusos
Pero su principal apostolado fue con los rusos, tratados por los nazis con especial dureza. «Durante el noviciado, había aprendido algo de ruso», explica el padre Balling. Una vez en Dachau, perfeccionó su manejo del idioma para hacerse cercano a los presos soviéticos. Además, se unió a un grupito de sacerdotes que también hablaban ruso para «traducir en secreto partes del catecismo y de la Biblia».
Esta misión fue especialmente fructífera con Piotr, con el que coincidió cuando ambos trabajaban en una fábrica de armamento. «Pronto –recordaba Brantzen– comenzaron las conversaciones sobre Dios durante el turno de noche». La amistad crecía, pero «en Piotr todavía quedaba algo de inseguridad» para dar el paso final. La muerte martirial del padre Engelmar derribó sus barreras y le decidió a pedir el Bautismo. Se cumplió así lo que el sacerdote había escrito en una de sus últimas cartas: «El amor multiplica las fuerzas, inventa cosas, da libertad interior y alegría… El bien es inmortal y la victoria debe ser de Dios».







miércoles, 19 de octubre de 2016

EL SAN NUESTRO DE CADA DÍA





ISABEL SOLA MATAS



Matan a tiros a una monja española en Haití
Se encontraba como parte de una misión para ayudar a las zonas más afectadas por el terremoto de 2010
Isabel Sola Matas fue asesinada a tiros este viernes en Puerto Príncipe. Formaba parte de una congregación de monjas presentes en Haití para ayudar a los más pobres. Se desconocen quienes eran los atacantes. Según testigos, la tirotearon desde un coche en el que después huyeron.
La misionera, de 51 años y natural de Barcelona, vivía desde hace varios años en el país caribeño, donde estaba dedicada a trabajar con personas pobres.
Sola Matas recibió al menos dos disparos y una fuente de la Policía dijo a la radio haitiana que en un primer momento presumen que el móvil del crimen fue el robo, ya que los atacantes se llevaron el bolso y otras pertenencias de la víctima.
Las informaciones radiales aseguran que la monja era muy activa entre los sectores más humildes de Puerto Príncipe, con quienes prácticamente convivía a diario después del terremoto que devastó la capital y otras zonas de Haití en enero de 2010.

EL SAN NUESTRO DE CADA DÍA.



PADRE BENEDICTO SÁNCHEZ

El sacerdote de los combatientes angoleños
«¡Padre, estoy aquí, soy tu hijo!»
Benedicto Sánchez Peña es misionero espiritano y toledano de nacimiento, aunque su corazón está en Angola. Con el pueblo angoleño compartió una larga guerra –que duró más de 30 años–, y también el difícil proceso de reconciliación posterior. «Llegué allí en 1986 para sustituir a otro sacerdote que falleció tras pisar una mina antipersona de camino a una aldea. Iba a celebrar la Misa de Pentecostés». En 2012 volvió a España para trabajar en un centro de toxicómanos en Aranda de Duero, centro que desde hace dos años es un albergue para peregrinos. «Deseo volver a Angola. Este mes me dirán si mis superiores aceptan mi petición de regreso». El misionero acaba de publicarDiarios de amistad en África (ed. Letras de autor) donde cuenta toda su experiencia africana
Llegó usted a Angola en 1986, en plena guerra civil. ¿Cuál era su labor?
Todo empezó el día que llegué, un 28 de agosto. Era domingo. Llevaba una lectura preparada sobre visitar a los huérfanos y a las viudas. Durante la homilía pregunté cuántos huérfanos había y levantaron la mano 70 niños. Ahí descubrí lo que Dios quería de mí. Entregué un cuaderno a los catequistas para que contaran cuántos pequeños huérfanos había en cada aldea de nuestra misión. En total eran 700. Así que nos pusimos en marcha para acogerlos.
¿En orfanatos?
No, eran los propios habitantes de las aldeas quienes cuidaban de ellos en sus casas. Recuerdo especialmente a las mujeres de la Legión de María: eran grandiosas. Iban con el rosario en la mano saltando por las trincheras y se encargaban de velar día y noche por los pequeños. Los integraban en sus familias, con los abuelos, con los tíos…
¿En la misión crearon una pastoral específica para estos niños?
Creamos los cánticos de la paz, el amor y reconciliación en su lengua, el kimbundu. Era nuestra respuesta a la guerra. Los niños cantaban a gritos, con una alegría maravillosa.
Regresó a España en 1991, aunque nueve años después volvió a marcharse a Angola…
Sí, me vine en contra de mi voluntad. Por obediencia. Cuando volví en el año 2000, todos mis niños eran ya jóvenes militares del Gobierno. Uno de los días que fui a la cárcel me encontré con uno de ellos. Cuando me vio empezó a gritar tras las rejas: «¡Padre, estoy aquí, soy tu hijo!». Abrieron la puerta y caímos llorando los dos. Ese fue otro gran descubrimiento de la voluntad de Dios para mí: encontrarme con mis niños, que habían tenido que alistarse en el Ejército a la fuerza.
Y así estuvo once años. Buscándolos.
Fui encontrándolos y logré romper el muro del comunismo, que entonces nos separaba. El obispo estaba asombrado.
¿Dónde los encontró?
Iba a pie a buscarles a los controles militares y a los cuarteles. Al principio llegaba temblando. Pero luego vi que Dios había llegado allí antes que yo. Recuerdo un día en el que me habían preparado en el cuartel una sombra y la única silla que había. Ellos se sentaron en el suelo, se quitaron los fusiles y me pidieron que les hablase de la Biblia, que rezase por sus muertos… Aquello era una frontera entre el cielo y la tierra.
Luego se dio la vuelta a la tortilla. Eran los soldados quienes acudían a buscarle.
Empezaron a pasar por la misión a saludarme y se traían a sus compañeros de cuartel. Antes de ir a combatir me pedían una oración de protección, una estampa de la Virgen… La misión se convirtió en lugar de peregrinación de militares.
Y terminó yendo a sus casas.
Fue el tercer paso. Me pedían que fuera a conocer a sus familias. Incluso ponían mi nombre a sus hijos. Bauticé a muchos niños y también a sus padres, que no pudieron bautizarse antes por la guerra. Querían que les hablase de Dios, me preguntaban si Él les iba a perdonar por el mal que habían hecho y si podían entrar a la iglesia para rezar después de tantos años sin ir. Yo les enseñaba historias bíblicas de reconciliación, y terminaron yendo a Misa.

EL SAN NUESTRO DE CADA DÍA



PEDRO CANO

Acompaña a los migrantes haitianos en la frontera con la República Dominicana
Cambió la toga por vivir entre traficantes
Pedro Cano nació en la localidad murciana de Santomera hace 36 años. En 2012 dejó su trabajo de abogado para vivir en la frontera entre la República Dominicana y Haití. Después del terremoto de 2010, el malpaso de Jimaní donde vive Pedro –en territorio dominicano– es un hervidero de migrantes haitianos que huyen de un país aún en reconstrucción, de mujeres y niños víctimas de trata, de drogas, armas, asesinatos y del mayor índice de pobreza de toda América Latina y el Caribe. Vive sin agua corriente, entre chabolas donde ni siquiera hay letrinas, con pocas horas de electricidad al día y 388 kilómetros de frontera que recorre casi a diario
Cambiar los naranjos y limoneros por el barro y las enfermedades no es lo habitual. ¿Qué te impulsó a dar el paso?
Desde pequeño escuchaba en la parroquia los testimonios de los misioneros del Domund y quería ser como ellos. Quería salir de casa a vivir desde la radicalidad del Evangelio.
Pero esperaste hasta la treintena.
A los 17 ya les dije a mis padres que quería hacer una experiencia misionera, pero me pidieron que estudiara primero una carrera. Cuando terminé, tras un par de experiencias laborales, me armé de valor y me vine a este proyecto, que acababa de poner en marcha el Servicio Jesuita a Refugiados después del terremoto de Haití.
¿En qué consiste el proyecto?
Mi trabajo aquí es acompañar a los migrantes haitianos en República Dominicana –más de medio millón–, y a los deportados que diariamente son expulsados a Haití pero se quedan en zona fronteriza porque no tienen medios para llegar a ningún otro lado.
La frontera en la que vives es uno de los puntos calientes de la migración en el continente.
Sí. Hay robos, extorsión y abusos diarios hacia el migrante haitiano. Aquí se saca el cuchillo o la pistola por menos de nada.
Luego, en el resto del país, ¿la cosa mejora? Porque las denuncias a nivel internacional de la discriminación brutal de los dominicanos hacia la población haitiana son reiteradas
No mejora. Incluso las autoridades operan en complicidad con las bandas de trata. Desde Jimaní, donde yo vivo, hasta Santo Domingo –la capital dominicana– hay doce puestos militares. Por 50 dólares se saltan las leyes para que los migrantes lleguen hasta sus explotadores. Los hombres que trabajan en la construcción acabarán con jornadas de 16 horas de lunes a domingo por 70 euros al mes.
Eso los que tienen suerte. Otros son expulsados sin miramientos
La Policía puede solicitar el permiso de residencia a cualquier extranjero. Si no lo tiene, se le abre el expediente de expulsión. Tienen a las personas días tiradas sin alimentos, les roban las pertenencias… Nosotros velamos para que en esos momentos tan duros estén acompañados. Lo más indignante es que la mayoría tiene el documento de permiso, pero no lo llevan encima porque están cortando caña a pleno sol y no quieren que el sudor les estropee el papel. O por miedo a que se lo roben. Pero cuando les detienen, no les dejan pasar por casa a recogerlo.
Convives entre la injusticia brutal y la muerte. ¿Por qué te quedas?
Por contemplar el Evangelio cada día en la vida de estas personas. Por dar la mano a una familia que tuvo que soportar como un vecino violó a su hija de 2 años y la justicia lo protegió. La Fiscalía condenó al hermano menor del violador, de 7 años, porque los menores no pueden ser imputados.
Para acompañar a los padres que perdieron a su niña de 4 años por desnutrición. Esa noche fuimos al carpintero a pedir que hiciera una cajita de madera para meterla. Después ayudé a los padres a cruzar el desfiladero del río que lleva hasta Haití. Querían enterrarla allí, cerca de su familia.
Por el chico haitiano que un día de Navidad quiso cruzar la frontera para ver a sus padres y llevarles algo de dinero. Un tipo le acuchilló en el corazón para robarle. Lo cogí en brazos, lo llevé al hospital, pero murió por el camino. También por los gestos de solidaridad que veo en el pueblo haitiano. Es posible una cultura de paz.
¿Qué echas de menos de España?

A mis padres y el olor a azahar de la madrugada y las mañanas de verano.

EL SAN NUESTRO DE CADA DÍA


JOSÉ SÁNCHEZ DEL RIO

El muchacho mártir
Con los pies desollados, le hicieron caminar hasta el cementerio, golpeándole. Los carnífices querían obligarlo a apostatar, pero sus labios solamente se abrían para gritar: «¡Viva Cristo Rey y santa María de Guadalupe!»
José Sánchez del Río nace en Sahuayo (Michoacán, México), el 28 de marzo de 1913, el sexto de siete hermanos. Fue bautizado en la parroquia de Santiago Apóstol, donde comenzará su martirio 15 años más tarde. Cuando surge el movimiento de los cristeros sus dos hermanos mayores entran en el movimiento de defensa de la libertad religiosa. En Guadalajara visita la tumba del joven abogado Anacleto González Flores, martirizado el 1 de abril de 1927 (y proclamado beato en 2005 junto con otros ocho jóvenes, entre ellos José), y pidió a Dios morir en defensa de la fe. Alcanzará esa gracia casi un año más tarde, en plena persecución, cuando, tras haberse unido a los cristeros, y sirviendo como portaestandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe, pero sin tomar parte directamente las armas, cayó prisionero de las tropas gubernamentales, tras haber cedido su caballo a uno de los responsables cristeros para que escapara.
A pesar de ser muy joven, José sabía bien lo que estaba viviendo México. Los mártires de la fe son varios centenares. La Iglesia lo ha reconocido con la canonización de 22 sacerdotes y tres jóvenes seglares, y con la beatificación de unas 40 personas, en su mayoría jóvenes seglares.
Se unió a los cristeros tras lograr vencer las resistencias de sus padres y de los propios cristeros, que en un primer momento lo rechazaron por su edad. El 6 de febrero de 1928, cayó preso junto con otro joven amigo indio, llamado Lázaro. El mismo día 6 pudo mandar una carta a su madre desde la oscura y maloliente cárcel de Cotija: «Creo en los momentos actuales que voy a morir, pero nada importa, mamá […]. Muero muy contento, porque muero en la raya al lado de Nuestro Señor. No te apures por mi muerte, que es lo que me mortifica».
Los dos muchachos fueron trasladados a la iglesia parroquial de Santiago, transformada en cárcel y en caballeriza. Los soldados habían convertido el presbiterio y el tabernáculo en un gallinero de gallos de pelea, propiedad del jefe político de la región. Ante tal profanación, el joven José reaccionó con fuerza matando a los gallos, sin miedo a la amenazas de muerte de parte de aquel jefe, que había sido amigo de su familia y su padrino de Primera Comunión: «La casa de Dios es para rezar, no para usarla como un establo de animales». Uno de los soldados lo golpeó violentamente en la boca con la culata del fusil rompiéndole los dientes, como se pudo constatar en la exhumación de sus restos. Como venganza inmediata y en presencia de José, su compañero Lázaro fue ahorcado frente a la iglesia. Creyéndolo muerto lo abandonaron y fue salvado por el sepulturero, mientras José continuó encarcelado.
Lo invitaron a pasar a la parte de los perseguidores. Aquel jefe político le hizo diversas propuestas muy halagadoras como inscribirlo en la prestigiosa escuela militar del régimen o mandarlo a los Estados Unidos, pero José las rechazó con firmeza. Aquel jefe político pidió entonces a la familia del joven un rescate de 5.000 pesos de oro. El perseguidor recibió el dinero a pesar de que ya había hecho asesinar al joven la noche anterior.
El viernes 10 de febrero de 1928, trasladaron a José a un mesón cercano. Hacia las siete de la tarde logra mandar una carta a su tía María, en la que le comunica que sería fusilado poco después por su fidelidad a Cristo y le pide que otra tía, llamada Magdalena, le llevase la Comunión. Lo logrará.
En aquel mesón, convertido en cuartel de las tropas, los soldados le desollaron los pies con un puñal. Como detalla un testigo, «le cortan las plantas de los pies y le hacen andar sobre sal de Colima». Le hicieron caminar, golpeándolo, por la calle que iba al cementerio. Los carnífices querían obligarlo a apostatar, pero sus labios solamente se abrían para gritar: «¡Viva Cristo Rey y santa María de Guadalupe!».
Llegados al cementerio, el jefe de los soldados ordenó apuñalarlo para impedir que se pudiesen escuchar los disparos en la población. El joven mártir, a cada puñalada gritaba con un filo de voz: «¡Viva Cristo Rey!», «¡viva santa María de Guadalupe!». Entonces el jefe militar le disparó un par de tiros en la cabeza con su pistola. Su cuerpo fue arrojado en una pequeña fosa. Eran las once y media de la noche.

viernes, 30 de octubre de 2015

viernes, 3 de octubre de 2014

EL SAN NUESTRO DE CADA DÍA

Y san Miguel detuvo al Kaiser


Las guerras son terreno abonado para las leyendas. Ocurrió así en la Primera Guerra Mundial, cuando el galés Arthur Machen manipuló los ecos que le llegaron del frente y publicó una fábula sobre unos arqueros espectrales que habrían sido vistos en la batalla de Mons. Sin embargo, su intento por lograr un minuto de gloria ensombrecía los hechos que sí habían ocurrido -confirmados por soldados británicos, belgas, franceses y alemanes-, pero no en Mons, sino en Le Câteau y con san Miguel frenando a los teutones
 
Dos estampas de la batalla Mons-Le Câteau, que se popularizaron entre los combatientes británicos de la Primera Guerra Mundial
A pesar de que corre el día 26 del mes de agosto, no es el sol el que azota los campos de Cambrais, al norte de Francia, junto a la frontera belga. No es el sol: son el fuego de mortero alemán y su artillería los que abrasan una tierra que lleva tres días cubierta de pólvora y sangre.
Estamos en 1914 y hace un mes que ha estallado la Gran Guerra. Las tropas del Eje Central (el Imperio Alemán y el Austro-Húngaro) están comandadas en este frente por el general Von Kluck, que tiene un objetivo: cruzar Bélgica, avanzar por el norte y llegar a París con movimientos rápidos, envolventes y violentos, que lleven a los alemanes a la victoria cuanto antes.
Hace tres días -el 23 de agosto- que las huestes de Von Kluck llegaron al sur de Bélgica, donde se toparon con las tropas inglesas recién llegadas al continente. En Mons, 70.000 soldados de la BEF (Fuerza Expedicionaria Británica), bajo el mando del general sir Jonh French, llevan 72 horas comprobando el mortífero potencial alemán. Los teutones los duplican en número, cuentan con una poderosa caballería y su artillería consta de obuses Skoda, que disparan proyectiles de 810 kilos a 12 kilómetros de distancia; morteros ligeros de largo alcance; cañones de campaña con metralla de Alto Explosivo... Sólo en las primeras 12 horas, habían muerto 1.600 británicos.
Durante dos días, Von Kluck ha ido lanzando a sus divisiones por oleadas y ha matado a 30.000 hombres. El 25, después de que los británicos hubieran tenido que retrasar posiciones a la desesperada, French ordenó replegarse hasta Cambrais, ya en Francia. Sin embargo, la desmovilización había sido caótica por el constante acoso enemigo y, al anochecer, la BEF había llegado a los bosques de Le Câteau exhausta, diezmada y viendo cómo las tropas del Kaiser avanzaban por Europa como en un desfile militar.
A 200 kilómetros, en París, la población reza en Montmartre al Sagrado Corazón, y su arzobispo ruega ante el Santísimo para que llegue la paz que ha reclamado el Papa, pide amparo a la Virgen e implora el auxilio de san Miguel para frenar al enemigo.
Llegados a este punto, el general inglés Smith-Dorren dice al general French que sus soldados no pueden huir más y que se va a quedar en Le Câteau para cubrir la retirada del resto de británicos. Es un suicidio heroico, pues sus tres divisiones van a enfrentarse a seis de Von Kluck, sin caballería, sin explosivos y sin esperanza. El combate empieza al alba del 26, y cuando llega la tarde, el escenario es un infierno: carros ardiendo, defensas reventadas, cuerpos abatidos. Von Kluck da la orden a su caballería para que aplaste al reducido destacamento de Smith-Dorren y persiga al resto de la BEF. El final se acerca.
Es entonces cuando ocurre.
Cientos de británicos ven surgir de la nada tres figuras celestiales que se interponen entre ellos y el enemigo. Una de ellas, la más alta, parece llevar coraza y espada. Algunos hombres creen que es el mítico san Jorge, pero los soldados belgas y franceses que llegarán al día siguiente a Le Câteau, mientras dura la visión, reconocen en él al arcángel san Miguel.
El estupor crece al comprobar que la caballería alemana no ataca. Varios oficiales del Eje desvelarán el secreto más tarde, cuando desmientan una fábula inventada por un escritor galés y aclaren lo que ocurrió en Le Câteau: mientras los británicos ven sólo tres figuras, los ojeadores del Kaiser han alertado a Von Kluck de que una muchedumbre incontable ha llegado al frente. Los caballos alemanes se niegan a avanzar, y eso también impide a la artillería ganar posiciones. Una división de infantería alemana se acerca para abrir fuego, pero vuelve espantada: no son hombres lo que tienen delante. «Juro por mi honor que vi ángeles», revelará un comandante alemán en 1918. La claridad que irradia la milicia ciega sus ojos y les impide ver las posiciones descubiertas de la BEF. Durante 24 horas, los alemanes no pueden atacar. En ese tiempo, el grueso de los británicos logra llegar al Marne, mientras franceses y belgas acuden en auxilio de los de Smith-Dorren, que consiguen huir.
Las tropas del Kaiser han perdido la ocasión de una entrada veloz en Francia y de eliminar a la BEF, para incredulidad de los estrategas. Aún no lo saben, pero el curso de la guerra ha cambiado para siempre. Mientras, en París, las misas concluyen con la oración de León XIII: San Miguel arcángel, defiéndenos en la batalla...
José Antonio Méndez

lunes, 19 de agosto de 2013

EL SAN NUESTRO DE CADA DÍA






SAN BERNARDO DE CLARAVAL
20 DE AGOSTO


San Bernardo llegó a Citeaux alrededor de la Pascua de 1112. Este monasterio, fundado tiempo antes por San Roberto, San Alberico y San Esteban Harding, fue el primero en el que practicaba, con todo su rigor, la primitiva regla de San Benito. En 1115, San Bernardo fue enviado a fundar, con otros doce monjes, un nuevo monasterio en la diócesis de Langres, en la Champagne. A principios del año 1142, se fundó en Irlanda el primer convento cisterciense. Los monjes procedían de Claraval, a donde San Malaquías los había enviado a formarse bajo la dirección de San Bernardo. Dieciocho meses después ascendió al trono pontificio el abad del monasterio cisterciense de Tre Fontane, Eugenio III, que no era otro que el Bernardo de Pisa a quien San Bernardo había conducido al noviciado. La fama de las cualidades y poderes del santo eran tan grandes que los príncipes acudían a su arbitraje y los obispos le consultaban los asuntos más importantes de la Iglesia y se atenían con respeto a sus opiniones y decisiones. Su consejo, era para los Papas, uno de los principales apoyos de la Iglesia. Llegó a llamársele "el Oráculo de la cristiandad" . Porque Bernardo no era únicamente un fundador de monasterios, un teólogo y un predicador, sino también un reformador y un "cruzado". El día de Navidad de 1144, los turcos selyukidas se habían apoderado de Edesa, uno de los 4 principados del reino latino de Jerusalén. Los cristianos pidieron auxilio a Europa. Eugenio III encargó entonces a San Bernardo predicar una Cruzada. El fracaso de ésta levantó una tempestad contra San Bernardo, quien se había mostrado seguro del triunfo. Bernardo murió el 21 de agosto de 1153, tenía entonces 73 años y había sido abad durante 38. Los monjes de Claraval habían fundado ya 78 monasterios. Fue canonizado en 1174 y proclamado Doctor de la Iglesia, el "Doctor Melifluo", en 1830. San Bernardo "llevó sobre los hombros el siglo XII y no pudo menos de sufrir bajo ese peso enorme". En vida fue el "oráculo" de la Iglesia, reformador de la disciplina y, después de su muerte no ha dejado de instruir y vigorizar a la Iglesia con sus escritos.

domingo, 11 de agosto de 2013

EL SAN NUESTRO DE CADA DÍA

14 de Agosto
San Maximiliano KolbeMártir
Año 1941
San Maximiliano KolbeMaximiliano significa: "El más importante de la familia".
Es este uno de los mártires modernos.
Murió en la Segunda Guerra Mundial. Había sido llevado por los nazis al terrorífico campo de concentración de Auschwitz.
Un día se fugó un preso. La ley de los alemanes era que por cada preso que se fugara del campo de concentración, tenían que morir diez de sus compañeros. Hicieron el sorteo 1-2-3-4...9...10 y al que le iba correspondiendo el número 10 era puesto aparte para echarlo a un sótano a morirse de hambre. De pronto al oírse un 10, el hombre a quien le correspondió ese número dio un grito y exclamó: "Dios mío, yo tengo esposa e hijos. ¿Quién los va a cuidar?".
En ese momento el padre Kolbe dice al oficial: "Yo me ofrezco para reemplazar al compañero que ha sido señalado para morir de hambre".
El oficial le responde: ¿Y por qué?
- Es que él tiene esposa e hijos que lo necesitan. En cambio yo soy soltero y solo, y nadie me necesita.
El oficial duda un momento y enseguida responde: Aceptado.
Y el prisionero Kolbe es llevado con sus otros 9 compañeros a morirse de hambre en un subterráneo. Aquellos tenebrosos días son de angustias y agonías continuas. El santo sacerdote anima a los demás y reza con ellos. Poco a poco van muriendo los demás. Y al final después de bastantes días, solamente queda él con vida. Como los guardias necesitan ese local para otros presos que están llegando, le ponen una inyección de cianuro y lo matan. Era el 14 de agosto de 1941.
Su familia, polaca, era inmensamente devota de la Sma. Virgen y cada año llevaba a los hijos en peregrinación al santuario nacional de la Virgen de Chestokowa. El hijo heredó de sus padres un gran cariño por la Madre de Dios.
Cuando era pequeño tuvo un sueño en el cual la Virgen María le ofrecía dos coronas, si era fiel a la devoción mariana. Una corona blanca y otra roja. La blanca era la virtud de la pureza. Y la roja, el martirio. Tuvo la dicha de recibir ambas coronas.
Un domingo en un sermón oyó decir al predicador que los Padres Franciscanos iban a abrir un seminario. Le agradó la noticia y con su hermano se dirigió hacia allá. En 1910 fue aceptado como Franciscano, y en 1915 obtuvo en la Universidad de Roma el doctorado en filosofía y en 1919 el doctorado en teología. En 1918 fue ordenado sacerdote.
Maximiliano gastó su vida en tratar de hacer amar y venerar a la Sma. Virgen. En 1927 fundó en Polonia la Ciudad de la Inmaculada, una gran organización, que tuvo mucho éxito y una admirable expansión. Luego funda en Japón otra institución semejante, con éxito admirable.
El padre Maximiliano fundó dos periódicos. Uno titulado "El Caballero de la Inmaculada", y otro "El Pequeño diario". Organizó una imprenta en la ciudad de la Inmaculada en Polonia, y después se trasladó al Japón y allá fundó una revista católica que pronto llegó a tener 15,000 ejemplares. Un verdadero milagro en ese país donde los católicos casi no existían. En la guerra mundial la ciudad de Nagasaki, donde él tenía su imprenta, fue destruida por una bomba atómica. A su imprenta no le sucedió nada malo.
San Maximiliano KolbeLos nazis durante la guerra, al invadir Polonia, bombardearon la ciudad de la Inmaculada y se llevaron prisionero al padre Maximiliano, con todos los que colaboraban. El ya había fundado una radiodifusora y estaba dirigiendo la revista "El caballero de la Inmaculada", con gran éxito y notable difusión. Todo se lo destruyó la guerra, pero su martirio le consiguió un puesto glorioso en el cielo.
Cuando el Santo Padre Pablo VI lo declaró beato, a esa gran fiesta asistió, el hombre por el cual él había ofrecido el sacrificio de su propia vida. Juan Pablo II, su paisano, lo declaró santo ante una multitud inmensa de polacos.
En este gran santo sí se cumple lo que dijo Jesús: "Si el grano de trigo cae en tierra y muere, produce mucho fruto. Nadie tiene mayor amor que el que ofrece la vida por sus amigos".
Quiera Dios que también nosotros seamos capaces de sacrificarnos como Cristo y Maximiliano, por el bien de los demás.

lunes, 22 de julio de 2013

EL SAN NUESTRO DE CADA DÍA




SANTIAGO APÓSTOL
25 DE JULIO






Santiago es uno de los doce Apóstoles de Jesús; hijo de Zebedeo. él y su hermano Juan fueron llamados por Jesús mientras estaban arreglando sus redes de pescar en el lago Genesaret.
Recibieron de Cristo el nombre "Boanerges", significando hijos del trueno, por su impetuosidad.
 Fue uno de los tres Apóstoles testigos de la Transfiguración y luego Jesús le invitó, también con Pedro y Juan, a compartir mas de cerca Su oración en el Monte de los Olivos.
Los Hechos de los Apóstoles relatan que éstos se dispersaron por todo el mundo para llevar la Buena Nueva. Según una antigua tradición, Santiago el Mayor se fue a España. Primero a Galicia, donde estableció una comunidad cristiana, y luego a la ciudad romana de Cesar Augusto, hoy conocida como Zaragoza. La leyenda cuenta que las enseñanzas del Apóstol no fueron aceptadas y sólo siete personas se convirtieron al cristianismo. Las cosas cambiaron cuando la Virgen Santísima se apareció al Apóstol en esta ciudad conocida como la Virgen del Pilar. Desde entonces la intercesión de la Virgen hizo que se abrieran extraordinariamente los corazones a la evangelización de España.

Fue el primer apóstol martirizado. Murió asesinado por el rey Herodes Agripa I, el  25 de marzo de 41 (día de la Anunciación). Es conocido como el "Mayor", distinguiéndolo del otro apóstol, Santiago el Menor.
Los discípulos de Santiago recogieron su cuerpo y lo trasladaron a Galicia. sus restos mortales están en la basílica de Compostela.

viernes, 21 de junio de 2013

EL SAN NUESTRO DE CADA DÍA





JUAN FISHER Y TOMÁS MORO
MÁRTIRES
(1478-1534 Y 1456-1534)
22 JUNIO


Llevaron los dos una vida muy distinta. Juan era obispo de Rochester, y Tomás, canciller del Estado. Uno era sacerdote, el otro estaba casado. Pero los dos se juntaron en el cadalso de la muerte, cuando aquel “animal” que se llamaba Enrique VIII de Inglaterra se los cargó a ambos cortándoles el cuello.

Juan había sido preceptor del rey, confesor de su madre Margarita, canciller de la Universidad de Cambridge, famoso por su santidad, sabiduría y doctrina. Cuando Lutero publicó la “Cautividad de Babilonia”, Juan le contestó con su libro “Defensa de los siete sacramentos”. Y por eso lo metieron en la cárcel. El papa le hizo cardenal, pero el rey contestó que “ya podía mandar todos los capelos que quisiese, porque no le iban a quedar cabezas donde ponerlos”. Con un hacha le cortaron la cabeza.

Tomás era un hombre de Estado. Cuando el rey empezó a amañar su matrimonio con Ana Bolena, Tomás empezó a vislumbrar que le iban a ir mal las cosas. Enrique VIII mandó jurar la conformidad con su nuevo proyecto. Pero Tomás Moro se negó a hacerlo. Entró preso en la Torre de Londres, y desde su ventana vio a Juan camino del martirio. A los pocos días le tocó a él. Al pie del cadalso se detuvo unos instantes para orar, subió la escalerilla, le dio una moneda de oro al verdugo y le presentó el cuello. Os recomiendo que veáis la película de su vida “Un hombre para la eternidad”.


lunes, 10 de junio de 2013

EL SAN NUESTRO DE CADA DÍA


SAN ANTONIO DE PADUA
13 JUNIO


Antonio de Padua no nació en Padua, sino que vivió y murió en Padua. Ël había nacido en Lisboa. Antonio era un tipo con una personalidad fuera de serie. No en vano, desde el día en que murió, se le recuerda con admiración, a pesar de haber muerto muy joven, a los 35 años. Quizá por ser tan joven se le representa en las Iglesias con cara de crío y, quiza por eso, las jóvenes de antaño lo volvían loco pidiéndole novio. También fue el rastreador de objetos perdidos, y se decía que para encontrar el monedero no había nada como prometerle un duro a San Antonio. Somos unos cómicos inigualables cuando tratamos con los santos.
Antonio salió de su tierra. Andando, llegó a Asís. Allí conoció a Francisco y se añadió al grupo naciente de los franciscanos. Lo suyo era predicar. Su palabra era arrolladora. La gente le seguía a todas partes, y cuando se sabía que iba a hablar Antonio, se llenaban las plazas de las grandes ciudades para oírle.
Así recorrió un montón de veces el surde Francia y el norte de Italia. Se quedó a vivir con asiduidad en Padua, que está a unos kilómetros de Venecia. Y dicen que fue en Rímini, en el mar Adriático, donde se puso a hablar a los peces del mar porque la gente no le hacía caso. Y los peces sacaban sus cabecillas del agua para  escuchar la hermosa voz de Antonio. Eso se dice. A mí no me extrañaría que fuera verdad!!!!